Un día de tizas

Él había dejado un somero cansancio en la maleta que sostenía su hombro. Dio un respiro profundo y empezó a desempacar lo concerniente a su faena. El artefacto de la vida, las hojas que conforman los matices de la historia, el legado que uno debe dejar, las pesquisas de una investigación artística y las anochecidas que en ellas se sembró para lograr dicho conocimiento, que no era del todo complejo, pero que le ayudó a confrontar los vacíos que sus mentores habían comenzado.

«Lento, amargo animal…» de Jaime Sabines

Lento, amargo animal
que soy, que he sido,
amargo desde el nudo de polvo y agua y viento
que en la primera generación del hombre pedía a Dios.

Ganímedes

El día que Fercho saltó al tejado observó que Ganímedes maullaba con tanta tristeza. Se sorprendió, así que con esa curiosidad se acercó…

Aliados

Dicen que un santo día el diablo habló:
—¡Por qué no me sirves basto felón!
Y este con toda mancilla expresó:
—¡No se me refleje vil apristón!

Agasajo

Y la muerte habíame hablado
cuando danzaba cuchara en café
no quise brindarle abrigado
mi cofradía ni un siéntese usté.

Ave: segunda anunciación

Te he visto llorar en las mañanas donde tu cuerpo reposa
Desesperado sin encontrar refugio
Y te he visto también pedir a Dios
Las cuatro demandas de la humanidad
En cada árbol en cada tarde en cada sábado en cada muerte
Y me apena no poder doblar mi palma
Brindarte mi espalda mis alas mi sombra
Mis ganas de golpear al mundo
Mis lágrimas mis tropiezos
Y me duele tener que dejarte solamente
Un lápiz en un papel
Mientras miras fijamente los destellos
Que adormecen tus alas.

Naufragio

Te alejas, se aleja, oh, Ítaca miserable
Oh soledad augusta
He navegado por siglos adversos
Y ya he dejado que mi patria muera
Que mi hogar fallezca entre mis ojos
Sobre mis manos.

Adiós, Ítaca
Adiós, patria entrañable
El vicio ha corrompido mi navío
Y he perdido
Y he perdido en este siglo en esta era
Las ganas de zarpar hacia ti.

Fotografía

Sabe que estas palabras esconden más de una historia, sabe que el recuerdo se va camuflando con la neblina, se va construyendo con telas multiformes, con retazos de lluvia, de silencios, miedos, retrocesos, caricias, pero sobre todo de palpitaciones silenciosas, sabe también que este momento solo tendrá sentido cuando se marche, cuando no pueda verla sonreír más a su lado, cuando sus ojos se apartan de él y su vida naufrague, varado en la nevera, en las gradas, hacia su atardecer, hacia su lecho de muerte, hacia todo aquel soñado precipicio, sabe también que la sombra de esta historia le acribillará cuando se refleje en una tira de papel. Qué haces Dudógenes, por qué sentencias tu muerte, por qué decides registrar la nostalgia y no tu amor y no tu sonrisa ante la luz que va saliendo de ese aparato, de aquel objeto que va deteniendo el tiempo, nuestro tiempo. Qué haces pensando en los retazos que sembraron esperanzas, ya no tienes nada más que un hasta luego, ya no puedes navegar más en las olas de su olvido. Se detiene, Dudógenes, se va deteniendo el tiempo y tú no sabes qué rostro proyectarte, qué rostro ella a de recordarte cuando se aleje de ti para siempre.  

Marcha fúnebre

Te empiezo a observar e intento acercarme al pasado. Tú sigues avanzando, finges no verme, finges no tener conciencia de mis actos. Damos unos pasos más y luego nos detenemos. El semáforo impide que te siga viendo. Me sonríes. Yo disfruto eso, también la brisa, también tu mano. Los carros van pasando y entre ellos una luz va mostrándome las veces que te esperaba para irnos juntos. Respiro. Vuelves hacia mí y me informas que ya es tiempo de cruzar a la otra orilla. Entonces crucemos juntos, te digo. Pero tú no entiendes mis intenciones o finges, una vez más, no entenderlas. Lo intento de nuevo, pero tropiezo con tu silencio. Ahora derivo la nostalgia a una avenida, a un parque y sin embargo solo. No deseas transitar conmigo en el pasado, solo en el presente, Matías, solo en el presente, y eso voy comprendiéndolo. Nuestros pasos se van perdiendo y nuestra historia también va por ese puerto, pero aquí, a unos centímetros de tu vida, estoy tratando de no borrarlos, de darle una transitoriedad digna. Ya estamos llegando, confiesas. Yo aparto la mirada de tu rostro y observo el derrotero anochecer que va sumergiéndose en los rincones del parque. No comprendo el misterio de tus pasos, ni esa llamada repentina. Algo en ti va cambiando. Frenas tu andar y con ello los misterios. Aquí es, me dices. Observo la fachada y me voy dando cuenta de la poca luz que alumbra nuestra morada. ¿Acaso no lo recuerdas?, me dices con la intención de desafiarme. Retrocedes e inflas los cachetes con una dulce amargura mientras agarras de tu cintura. Te sonrío, intento agarrarte las manos, pero me esquivas.

El sonido ausente

Y mientras duerme la vela
Nada alumbra
Ni las ganas de soplar una esperanza
Ni las gotas que derraman nuestra espera.

Semáforo

Los pasos, calles, carros, más pasos. Rostros desesperados van adornando esta ciudad insípida. Avanzan los minutos. La hora incierta, la hora nefasta. Ella no vuelve, ella se marcha. Adiós. Volver a verte. Caminar. Pasos. Trabajo. El olor a desesperación se desata. Ahora miran el reloj, ahora los pasos se apresuran. Tú también lo haces. Recorres como ellos, avanzas como ellos, con los miedos, con la consigna de llegar a tiempo. Prisionero de Cronos: avanzas. Ves caras conocidas. Te detienes. Ellos siguen. Ves la luz y vas contando en tu mente la desesperación de los transeúntes. 17, es el número que se deslumbra y se acaba. Fugaz, repentino, doliente. Ahora 16, el año que dejaste tus miedos. Se entromete el número 15, deseo repentino de no volver atrás, deseo funesto que aqueja la condena. Un golpe certero da el 14, siempre quieto, pegadizo, buscando tropiezos, marea incierta en desesperación. Ahora llega a sumergirse el 13 a tus recuerdos, a tus palpitaciones, a tu repentina conciencia y los segundos pasan y tu mirada va reflejando el vaivén de aquellas manos, aquel adiós que sabe a engaño. Los pasos siguen. Ella se aleja, pero tú insistes ir detrás, decirle lo que sientes, pero ella no te deja, se marcha y te dice que ya son más de las 7 y no puedes ya seguir con todo esto porque luego viene el retroceso y es aquí donde todos en coro anuncian la caída del estancamiento.

Encuentros

El nombre, tu nombre, las circunstancias por las cuales uno recorre el tiempo. La historia, mi historia, la morada de los vientos, del vaivén, de las sonrisas que reflejaban mis ojos. Ahora es el tiempo la diminuta lejanía, ahora somos nosotros los que libramos batallas con el espacio, porque tú deberías estar lejos pero estás sentada a mi costado y yo no sé con qué fuerzas he podido romper los obstáculos para esto, para verte, para saber que tu mano está tocándome y tu voz susurra esa linda nostalgia. Es el llanto, es el fuego, son tus ojos, una vez más, son tus ojos los que imploran que no siga, que te deje ir, pero no puedo. Me sonríes. Qué he de hacer sino llorarte.